Bajante extraordinaria: su impacto sobre la fauna íctica

La crisis hídrica en el río Paraná, además de impactar duramente en la economía regional desde la navegación, está teniendo efectos graves sobre la fauna íctica. En este contexto, el doctor y especialista en Íctiología Juan Pablo Roux, de la Universidad del Nordeste, habló con el diario El Ciudadano Web, de Santa Fe, sobre la bajante extraordinaria que impacta al río.

“La veda total sería lo ideal, siempre y cuando se pongan de acuerdo todas las provincias. Y mientras duren las condiciones hidrológicas actuales debería mantenerse. La necesidad del río nos está pidiendo a la sociedad que tomemos una determinación grupal, comunitaria. No solamente una decisión de una provincia, sino de todas las provincias que estamos en las orillas del río Paraná, porque este no es un fenómeno local sino regional. La medida que se tome de protección tiene que ser consensuada y beneficiar a la vida de los peces a lo largo de toda la cuenca”, declaró el científico.  

Un surubi, característico de Corrientes.

Los estudios del Instituto de Íctiología del Nordeste, afectados o directamente interrumpidos por la pandemia, llegaron sin embargo a relevar la situación provocada por la bajante extraordinaria del curso, cuyos efectos –sumados a los de las quemas en el Humedal hacia el sur– exponen a todas las especies bajo el agua. Y los resultados son preocupantes.

“Tenemos que trabajar, justamente en este momento, en el concepto más general de la sostenibilidad, en su mayor amplitud. Sustentabilidad nos exige que miremos el aspecto biológico, el aspecto humano, el aspecto ambiental, el aspecto económico, el aspecto cultural, y también el aspecto de la gobernanza, de las reglamentaciones”, avisó el especialista.

“Sabemos que hay gente que tiene situaciones económicas difíciles y que vive de la extracción de este recurso para poder venderlo. Frente a esta situación tenemos que buscar el equilibrio más armónico posible entre una medida de veda total y en cómo vamos a colaborar con este estrato social para tratar de mantenerle el sustento para su familia”, advirtió el investigador.  “Los peces están más vulnerables en todos los aspectos. Vamos a un caso concreto: si el río, en mi zona (Corrientes), tenía 500 metros de ancho y una profundidad media de 5 metros, hoy tiene un ancho de 250 metros y una profundidad de metro y medio. Y en ese volumen de agua están los peces”.

El pacú, especie afectada por la bajante del río.

Así además de estar más expuestos a capturas, arrastran el estrés de haber tenido más dificultades de alimentación, que se traducirán en problemas para multiplicarse. “El excedente de la grasa entre las vísceras, cuando pase el invierno, es el que, cuando llegue el “desencadenante del proceso de la reproducción”, se va a transformar en “elementos energéticos que van a ir a formar parte de la gónada del pez”, las glándulas que producen las células y sustancias para poder hacerlo.

El experto explica que no necesariamente vayan a perecer, pero sí “van a estar más expuestos a cualquier situación ambiental”. Y explica que en invierno los peces se “fondean”, es decir que buscan profundidades mayores para adaptarse a la temperatura del agua. “No va a ser tan fácil ahora, porque el río está totalmente reducido en cuanto a profundidad y en cuanto a amplitud”.

“Esto nos pone frente a un escenario en el corto plazo en el que tenemos que implementar alguna medida de protección urgente para los peces, porque el ambiente en el que están está demasiado acotado y están con un cuadro de menor reserva energética”.

El Dorado o Salminus brasiliensis.

Ver abajo del agua

El Instituto de Ictiología del Nordeste lleva adelante un programa de monitoreo que ya pasó las dos décadas. Por la pandemia, en marzo de 2020 quedó suspendido; pero con protocolos y permisos se pudo retomar acotado.

La última campaña terminó el pasado viernes 19 de junio. Y aunque se excusa de no poder hablar de resultados, acepta deslizar algunas percepciones evidentes. “En términos generales –dice–, lo que se observa es que los peces están con un coeficiente de reservas menor al de años anteriores, cuando teníamos el río normal”.

Y explica que si se compara mayo o junio actuales, o de 2020, con los mismos meses de 2016, 2015, o 2014, los peces monitoreados muestran una relación peso/largo mucho menor.

Otro de los ejes del estudio fue el estado nutricional de los peces: “Vimos que había poca oferta de materia vegetal o detritos, lo que marcaba que había déficit de alimento primario para toda la cadena trófica”, sostuvo Roux.

Así, la bajante histórica no sólo afecta la reproducción de los peces, sino también el estado general del recurso íctico; una situación que requiere el esfuerzo de todos para poder sacarla adelante.

Fuente: El Ciudadano.